Se trata de un plato clásico, económico y rendidor que combina proteínas y carbohidratos en una sola olla, facilitando tanto la preparación como la limpieza posterior.
La clave de un buen guiso reside en el sofrito. Iniciar la cocción con una base sólida de cebolla, morrón y un toque de ajo permite que el pollo, cortado en presas o cubos, absorba todos los aromas desde el primer momento. El uso de vegetales frescos no solo aporta sabor, sino también esa textura necesaria que diferencia a un plato casero de uno improvisado.
El secreto del punto justoPara evitar que el arroz se pase y quede "mazacote", es fundamental calcular bien el líquido. La proporción recomendada es de tres partes de caldo o agua por cada una de arroz. Incorporar el arroz cuando el pollo ya está a media cocción asegura que ambos ingredientes lleguen al punto óptimo al mismo tiempo.
Además, el toque de color y sabor final lo dan los condimentos: pimentón dulce, una hoja de laurel y, para quienes prefieren un perfil más intenso, una pizca de ají molido. Es un plato que se adapta al bolsillo y a los ingredientes que haya en la heladera, permitiendo sumar zanahorias, arvejas o incluso cubos de calabaza.
Ingredientes- 1 pollo trozado
- 2 cartones de puré de tomate (1 litro)
- 500 g de arroz doble carolina
- 3 cucharadas de aceite
- Sal y pimienta
Paso 1 
En una olla, calentar el aceite y dorar las piezas de pollo sin piel. Ir retirando a medida que toman color. Salar.
Paso 2
Volver a sumar todo el pollo en la olla, salpimentar y agregar el puré de tomate. Revolver y dejar cocinar 15 minutos tapado.
Paso 3
Verificar sazón de la salsa y verter el arroz. Remover y tapar. Cocinar a fuego bajo por 12 a 15 minutos. Dejar reposar antes de servir.
Tips- Para que el arroz se acomode y absorba sin romperse, es importante no revolver de más.
- Añadir una hoja de laurel y un diente de ajo picado al puré de tomate para intensificar el sabor del guiso.
Fuente: Clarín.