Sobre llovido mojado, el paso de Boca por Ecuador fue un temporal de dificultades, y al final terminó empantanado en el grupo, con el agua a la cintura, un escenario impensado luego de haber ganado los dos primeros partidos, pero que ahora está obligado a ganar los dos en casa y a mirar atentamente el partido de esta noche entre Cruzeiro y Católica.
En un encuentro marcado por la intensa lluvia que inundó partes del campo de juego, la primera mala noticia para el Xeneize llegó a los 23 del primer tiempo, cuando Brey pidió el cambio tras sufrir un golpe en una atajada. Si bien el joven arquero -quien viene siendo titular por la lesión de Agustín Marchesín- intentó continuar, el dolor fue demasiado y se retiró en camilla, con Javier García ingresando en su reemplazo.
Bajo el agua, los equipos batallaron más de lo que propusieron. Así, la primera tarjeta roja no tardó en llegar y se dio ante el llamado del VAR y después de un insólito patadón de Ascacíbar a Milton Céliz en la cabeza, con éste ya en el piso. Curiosamente, Céliz también se iría expulsado minutos antes del final de la primera parte, después de un golpe en el rostro a Leandro Paredes, también revisado por el VAR.
La paridad numérica en 10 hizo que los espacios abunden y el cansancio se haga notar. Ante esto, tanto Úbeda como Farías recurrieron a los cambios y fue Héctor Villalba, quien ingresó en el conjunto ecuatoriano, quien finalmente rompió el cero tras una contra letal y un centro atrás de Jhonny Quiñónez, a los 28 del complemento.
Con la derrota, el Xeneize ve comprometidas sus aspiraciones en la Copa Libertadores. Por lo pronto, se ubica segundo en el Grupo D, con seis unidades, las mismas que Universidad Católica, el líder, y Cruzeiro, el tercero. Los brasileños y los chilenos se medirán mañana, por lo que uno de los dos puede quedar como líder y, así, Boca deberá jugar a todo o nada por los seis puntos que quedan, ante Cruzeiro y Universidad Católica, como local en las últimas dos fechas.
Fuente: El Liberal