hace 1 hora - MUNDO
A fines del 2018, el asesor de seguridad nacional del primer mandato de Donald Trump, John Bolton, se refirió a Venezuela, Cuba y Nicaragua como la "troika de la tiranía", sentando las bases de la posición de Washington ante este tema.
Siete años más tarde, con Venezuela intervenida tras la captura de Nicolás Maduro y con Cuba negociando, en medio de una enorme escasez de combustibles y una crisis económica que no hace sino crecer, las miradas parecen girar hacia Nicaragua.
Quizás eso explique que el jueves 16 de abril, el Departamento del Tesoro estadounidense anunciara sanciones contra Daniel y Maurice Ortega Murillo, hijos de la pareja presidencial nicaragüense conformada por Daniel Ortega y Rosario Murillo. Los hermanos están acusados, junto a otros cinco individuos, de tener vínculos con una red de extracción de oro que financiaría al régimen.
"Durante el primer mandato, llamaron a estos tres países ‘troika de las tiranías'. Con su regreso al poder, y su mayor enfoque hacia el hemisferio occidental, el Gobierno de Trump parece dispuesto a abordar los regímenes de estos países, aunque con objetivos que no siempre están claros", dice a DW Adam Ratzlaff, experto en relaciones internacionales y fundador y director ejecutivo de Pan-American Strategic Advisors.
El politólogo nicaragüense Manuel Orozco, de Diálogo Interamericano, explica a DW que la idea de que "después de Cuba viene Nicaragua es una perspectiva más tautológica que el reflejo de un plan organizado". Para él, las prioridades de Estados Unidos en América Latina son Cuba y Venezuela, y luego Haití. "Nicaragua también importa, pero las acciones políticas se realizan pensando en las condiciones internas del país, no en relación con una lista de espera", señala.
Tiziano Breda, analista para América Latina y el Caribe de Armed Conflict Location & Event Data (ACLED), sostiene que "el mensaje que quiere lanzar Estados Unidos con estas sanciones es que si bien claramente tiene otras prioridades en Irán, Venezuela y Cuba, Nicaragua no ha desaparecido del mapa, aunque es el último eslabón de esos intentos de cambio de régimen".
El experto recalca que "estas sanciones a los hijos están acompañadas de sanciones a personajes del Gobierno y empresas que tienen que ver con el sector minero", y que la amenaza pende sobre Managua, porque el Gobierno está en la mira por si decide "no cumplir con las demandas de Washington".
"La administración Trump ha mostrado que está dispuesta a intensificar la presión tanto sobre aliados como sobre adversarios. El enfoque en Cuba y Venezuela comenzó aumentando la presión contra funcionarios del régimen y sus aliados. Aunque las nuevas sanciones indican que Washington está incrementando la presión, la importancia de estas sanciones específicas dependerá de cómo reaccione el régimen", apunta Ratzlaff.
"Las sanciones son parte de un proceso continuo", afirma Orozco, quien sostiene que Estados Unidos ha sido muy proactivo de cara al régimen orteguista. "Ha implementado varias sanciones y expresado su crítica a la dictadura, exigiendo el cese de la represión, el fin de sus vínculos con fuerzas 'malignas' como China y la reducción de la migración", sostiene.
A la vez, dice el politólogo nicaragüense, Managua espera que Estados Unidos se desgaste en otros frentes, como Venezuela, Medio Oriente, Ucrania o Cuba, y eso aminore la presión sobre Nicaragua.
"La captura de Nicolás Maduro en Venezuela el 3 de enero envió ondas de choque por todo el hemisferio y señaló un cambio drástico en los cálculos de riesgo. Como resultado, los Ortega han tratado de mantener un perfil más bajo. Sin embargo, esto no significa que el régimen ya no sea represivo, sino que está evitando elevar el nivel de confrontación y el riesgo de convertirse en un objetivo prioritario de la administración Trump", abunda Ratzlaff.
Tiziano Breda asegura que si Washington tuviera éxito y lograra alinear los intereses de La Habana con los de Estados Unidos, es "bastante probable que se produzca un efecto dominó y Washington se envalentone para buscar otro cambio en el último país que queda en Latinoamérica en una oposición ideológica total".
Aunque, como siempre, todo dependerá de otros factores. Por ejemplo, señala Breda, si las tensiones en Irán y Cuba continuaran y Trump viera que las elecciones de medio mandato están en peligro. En tal caso, "es menos probable que se aventure a otro ejercicio de intervención".
Ratzlaff coincide. "Dado el conflicto en Irán, existe la duda sobre hasta qué punto la administración podrá volver a centrarse en la región. Sin embargo, tanto el secretario de Estado Marco Rubio como aliados clave en el Congreso están muy interesados en desmantelar los regímenes de Cuba, Nicaragua y Venezuela. La pregunta es si otras realidades geopolíticas desviarán la atención lejos de Latinoamérica".
(ms)
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